Remembranzas Tumeremenses...
By Rafael Velazquez Rafael Velazquez
C.N. P 24.420
Las primeras barberías de Tumeremo...
Es a partir de mil novecientos treinta y cinco, cuando se instalan las primeras barberías que se conocieron en Tumeremo. Barberos de la talla de Juan Duarte, Pedro Avilés y la de don Rafael Trujillo, fueron las peluquerías que para esa época adquirieron una fama, ya que los tres figaros manejaban la tijera con una extraordinaria destreza. Estas barberías estaban ubicadas en la calle Piar frente a la Plaza Bolivar.
Don Rafael Trujillo, tenía aproximadamente 76 años de edad, y aparte de sus años, era adicto al licor, perennemente estaba ebrio, sus clientes ya lo conocían y muchos calculaban el día que estária sobrio para cortarse el pelo.
Lo cierto es que una tarde llega a la barbería una señora con un niño para un corte de pelo. Don Rafael, como siempre se encontraba más prendido que un fogón. Tijera en mano, comenzó su tarea, la madre observa que los está trasquilando, le reclama y le dice: ¡don Rafael, vea lo que está haciendo, el niño está quedando horrible! La respuesta que le da a la señora fue una copla: “cuando al niño Jesús/ lo picaban los mosquitos/su madre le decía/ten paciencia Peruchito/.-
Saco de funche El matarife del pueblo...
Todos lo conocían como Saco de funche, su nombre de pila Antonio Pinto Garnica, natural de Aragua de Barcelona, Estado Anzoátegui, llegó a Tumeremo en el año de mil novecientos treinta y seis.
Funche, estableció una pequeña pulpería, la cual se ubicaba en un local de la calle Sucre, dedicándose a la venta de papelón, casabe, aceite de palo, carburo, sal y otras especies. Una torta de casabe tenía un valor de (Bs O.50), el papelón costaba un bolívar. Funche le ofrecía a su cliente el producto a la mitad del precio o sea que vendía una torta de casabe en un medio, y así sucesivamente, él afirmaba que con esos precios vendía todo el producto. De allí proviene el viejo adagio “estas vendiendo igual que Funche”.
Este personaje se hizo muy famoso en Tumeremo, siempre con una sonrisa a flor de labios acompañada de una chanza que producía risas.
Aparte de su actividad comercial, ejercía la profesión de matarife, para la época navideña se dedicaba a la matanza de marranos. Una soleada mañana del 25 de septiembre de mil novecientos cincuenta y dos, a las diez de la mañana, falleció el hombre que se hizo popular en Tumeremo, acuñando una nueva modalidad de vender el producto a mitad de precio. ¡Funche el matarife Pueblo!
El Taller de herrería de Tomí Bekles...
En el pasado siglo llegaron a Tumeremo hombres que impulsaron el desarrollo económico del pueblo, muchos de ellos se dedicaron a la explotación de balatá y el comercio, otros se dedicaron a realizar diferentes actividades, orfebres, ebanistas, mecánicos, que indudablemente contribuyeron de una manea u otra a fortalecer la economía lugareña.
Tomí Bekles, oriundo de las Antillas se estableció en Tumeremo, donde ejerció el duro trabajo de herrero. Bekles, en la calle Piar construyó un balcón y allí instaló un taller de herrería, cuyo trabajo consistía en elaborar piezas de hierro forjado.
Tomi Bekles y Antonio Rivas, instalaron una fragua que era alimentada con trozos de leña, y movida con una manigueta que pendía de un lado de la unidad, comenzaban a darle vuelta, y a medida que la presión que producía el calentamiento, el hierro lentamente se convertía en un amasijo blando y fácil de lograr el trabajo deseado. Una vez logrado que el hierro fuese disuelto, era vaciado en unas cubetas y luego comenzaban la confección del diseño.
Bekles y Rivas fueron los únicos prototipos que impulsaron la actividad de hierro forjado, elaboraron puertas, muebles y tenían una particularidad especial en cuanto el diseño de hierro para macar el ganado.
Las barandas y rejas de la Plaza Bolivar fueron obras ejecutadas por de estos dos expertos del hierro forjado, Tomí Bekles y Antonio Rivas-
Julio El artillero de Tumeremo...
En todas las festividades de Tumeremo no podía faltar la presencia de Julio El Judío, un personaje que se hizo muy famoso en toda la población. Julio, tenía la pierna derecha encorvada, lo que le dificultaba para caminar, sin embargo cumplía con sus obligaciones
En sus tertulias amenas comentaba que el problema de la pierna fue originada por un disparo que recibió, nunca llegó decir el motivo del hecho.
Julio vivía solo en una casa ubicada al final de la calle Junín, una cantidad de perros eran sus fieles compañeros que le seguían a todos los sitios que visitaba.
En las fiestas patronales y decembrinas era contratado para manipular los petardos, utilizaba un artefacto que él llamaba El artillero, se trataba de un cañón, elaborado con un madero de pulgo y un tubo de hierro que sobresalía, lo recargaba con pólvora y lo reforzaba con pedazos de papel periódico, con una cabilla apretaba la entrada del aparato, con un mechuzo encendía la mecha y allí se producía la detonación.
El cacho de Nato Rivas...
Natividad “Nato” Rivas, comerciante y empresario balatero, era dueño de un establecimiento comercial, ubicado en la calle principal del sector La Caratica, hoy conocida como calle Carabobo, aparte de estas actividades comerciales. Nato, los días sábado de cada semana se dedicaba a expender carne de res y de cochino.
A las cuatro de la mañana, sonaba un cacho, cuyo retumbo se escuchaba en todo el pueblo, era el anuncio que el producto estaba a la disposición de su clientela.
Una fábrica de jabón en Tumeremo...
Como lo hemos reseñado anteriormente, Tumeremo llegaron un sin número hombres y mujeres que se dedicaron al trabajo creador, Pedro Cachutt Morales, fue uno de ellos que fundó una fábrica de jubón, esta empresa estaba ubicada en la calle Miranda cruce con Dalla-Costa.
Pedro Cachutt Morales, fue uno de los impulsores de la fábrica de jabón, para producir el producto utilizaba el cebo de ganado, que luego de someterlo a un riguroso procedimiento, producía panelas de jabón blanco, velas y velones.
Esta empresa comenzó a distribuir el producto en cantidades industriales, a San Félix y Ciudad Bolivar.
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