La casa que fue del Dr. Matías Carrasco
Por: Rafael Chino Velázquez, cronista de Tumeremo.
Inmortalizar a Tumeremo, simboliza evocar un pasado lleno de reminiscencias, a pesar de que las viejas estructuras de sus casas poco a poco van desapareciendo, pero aún quedan algunas edificaciones, que como testigo silente personifican un pretérito glorioso.
Nos referimos a la casa que fue propiedad del doctor Matías Carrasco, mansión de arquitectura colonial, de amplio zaguán, de anchos corredores de piso enladrillado e hileras simétricas de pilares redondos. Morada de grandes ventanas y patio central sembrado de rosas y claveles, que ha estado desde su construcción unida a la historia de Tumeremo, con la fuerza de la mezcla real de sus paredes. Ubicada en la calle Bolívar, a pocos metros de la histórica Plaza Bolívar de Tumeremo.
La primera imprenta en Tumeremo
Construida, según algunos estudiosos de la historia pueblerina, por el doctor Matías Carrasco, nativo de Guasipati, odontólogo, poeta, y periodista. Carrasco, introdujo la primera imprenta en Tumeremo, en esa casona instaló el taller para editar el periódico El Trabajo y La Campana, con su lúcida y brillante pluma impulsó los ideales de libertad, para inspirar y vigorizar la democracia, y romper las ataduras de la opresión del gobierno del Benemérito, y caudillo de la Mulera General Juan Vicente Gómez.
Tumeremo para el año de 1912 era el epicentro político-militar del territorio del Yuruari. La residencia del Dr. Matías Carrasco, muy frecuentada por militares y políticos que enfrentaban a la férrea dictadura gomecista. La tranquilidad nocturna de las viviendas de los hatos, y fundos agrícolas de Tumeremo, trasponían una oscuridad fugitiva de muchas multitudes que revoloteaban en los predios de la casa del Dr. Matías Carrasco.
En sus extensos salones se desarrollaron fogosas reuniones, con la presencia de distinguidas personalidades de la sociedad tumeremense, conocidas por su amplio trato, y otras que hasta allá se habían llegado en el tumulto de las empresas guerreras, con el fin de de ajustar las estrategias militares que para esa época se desarrollaban en la cuenca del yuruari, y en el sigilo de las complicaciones políticas, cuyas reuniones se desenvolvían para colaborar con la causa revolucionaria.
Germinan las primeras conversaciones masónicas en Tumeremo
En la histórica casona surgieron las primeras conversaciones de un grupo hombres libres y de buenas costumbres, quienes con su sapiencia, y sabiduría, inspiraron el propósito para que germinara la francmasonería en Tumeremo. Fueron ellos, doctor Matías Carrasco, Pedro José Beria, Vicente Larocca, Pedro C. Gómez, Henrique Story, Pascual Gravinia, José Damiani, Ramón Maderleine, Domingo Decarly, Guillermo Fadull, Pedro V Herrera, Manuel Figuera, Manuel Acosta Tenorio, artífices de la escuadra y el compás, como símbolo de la Tolerancia y la Virtud.
La histórica casona: fue asiento del Juzgado de Tumeremo
Es importantes resaltar que en la señalada casa funcionó el Juzgado de Tumeremo, cuyo juez titular fue Pedro Andrés Cova, quien conoció e instruyó el expediente con motivo del asesinato del General Pedro José Fernández Amparam, hecho este ocurrido la noche de 22 de junio de 1920, en la finca de su propiedad, ubicada en el sector “5 Reales” (hoy conocido como Chuponal).
Ahí funcionó el Banco Agrícola y Pecuario
Para el año de 1953, en la histórica casa funcionó el Banco Agrícola y Pecuario, institución creada por el presidente de la República, para ese entonces, General Marcos Pérez Jiménez. Como Gerente del recién creado Banco Agrícola y Pecuario, fue designado el señor José Rodrigo Balza, y secretaria la joven Alicia García.
La política del Banco Agrícola y Pecuario era exclusivamente el financiamiento para suministrar créditos a los agricultores Tumeremo, y pueblos circunvecinos El dorado y Santa Elena de Uairen. Una vez otorgado el crédito, el agricultor se comprometía con el Banco a cancelar la pignoración con el producto de la cosecha.
El Hotel Florida: centro de reuniones políticas
Años más tarde la casa fue adquirida mediante compra-venta que de ella hizo, el capitán Eduardo Sarmiento (El Mocho Sarmiento), esposo de doña Juana Lanz de Sarmiento, madre de nuestro dilecto y querido hermano Julio Vhalis Lanz, ex-juez de Tumeremo.
Doña Juana Lanz de Sarmiento, fundó el hotel Florida, el cual pasó a ser el principal centro hotelero de Tumeremo, con amplios y confortables habitaciones. Pero no solamente era hotel, sino que allí se realizaban reuniones políticas, e inclusive huéspedes distinguidos que tuvo el hotel Florida, los presidentes Raúl Leoni, y Rafael Caldera. Igualmente, el Dr. Eduardo Fernández, El Tigre, quien le dispensó una visita a doña Juana. (Fuente: “Tumeremo la Historia Divertida”.-Isidro Casanova).-
Significativamente los antecedentes históricos de esta casa continuaron desarrollándose, ya que las tertulias, y reuniones políticas, nunca perdieron vigencia. La vieja casa fue vendida recientemente, sus nuevos dueños, procedieron a remodelar la estructura, desapareciendo su vistosidad arquitectónica, cercenando parte de la historia de Tumeremo.
Se desvanece la Historia de Tumeremo
Es necesario resaltar que a veces resulta muy difícil evolucionar y construir un futuro mejor si no conocemos nuestro gentilicio en profundidad, y justamente es lo que viene aconteciendo en Tumeremo, donde su difusión histórica, social, económico, cultural y político, ha venido claudicando de una forma exagerada
Esta aseveración está expresada en la famosa frase “Quien no conoce su historia está condenado a repetirla”, atribuida por unos, al poeta y filosofo estadounidense de origen español Jorge Agustín Nicolás Ruiz de Santayana y Borrás, y por otros al abogado, periodista, político, estadista argentino y Presidente de Argentina entre 1874 y 1880, Nicolas Avellaneda.
Lo cierto es que Tumeremo, exhorta de un gran compromiso, para reivindicar los hechos, que a pasar del paso del tiempo permanezcan en las calles, en las casas, y en las mismas personas, defendiendo nuestro gentilicio, el apego a nuestra identidad, y al rescate de la historia pueblerina, que poco a poco se va desvaneciendo, sin que institución alguna se digne en proteger las pocas áreas históricas que aún quedan en Tumeremo.
Sin pasado no es posible un presente, y un futuro próspero capaz de lograr un verdadero desarrollo sustentable, cabalmente, eso es lo que exigen los tumeremenses, defender su gentilicio, y ocupar el auténtico sitial que le corresponde como pueblo de acción y esperanzas.




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