sábado, 15 de abril de 2023

El Negro Rivero: El músico que le tocó, y cantó a Tumeremo...

 Por:  Rafael Chino Velázquez Rafael Velazquez 
Cronista Oficial de Sifontes
CNP 24.420...


El Negro Rivero: El músico que le tocó, y cantó a Tumeremo...


El trovador siempre ha inquirido ese refugio de apaciguar las esplendorosas pasiones que dilatan el fragor de un sentimiento apasionado.Busca controlar la impaciencia de un amor perdido, aplicando ese bálsamo fragmentado, que muchas veces se tranquiliza con una melodía romántica, o una poesía que inspire el acercamiento tierno del ser amado.

José Antonio-Negro -Rivero, era el paradigma de un artista que, con su voz y la guitarra, embelecian los corazones. Sus canciones, eran un galanteo contagiado de romance, fogosidad, y pasión.

El Negro Rivero, comenzó sus andanzas musicales en Radio Bolívar, participó en un programa llamado “Noche Romántica”, alternando con El Indio Romántico, y por ende con los mejores guitarristas de esa época.

Una Serenata

José Antonio El Negro Rivero, regresa a su tierra natal Tumeremo, donde desempeñó el cargo de técnico electricista en el Hospital José Gregorio Hernández de Tumeremo.

Sin embargo, el Negro Rivero, siempre mantuvo esa jovialidad, y alegría que lo caracterizaba. La guitarra, fue su fiel compañera en todos los actos de su vida artística, fue el reflejo de una incondicionalidad de amigo, compañero, parrandero, y consuetudinario serenatero.

Cuantos cupidos de Tumeremo, solicitaron el acompañamiento del Negro Rivero, para llevar a su amada, una serenata, y en medio de aquella madrugada silenciosa, alumbrada por los destellos de una luna llena, y al pie de una ventana se escuchaba la voz romántica del Negro Rivero, avivando la esperanza de un prometido amor.

En el Cerezo es la parranda

El Negro Rivero, tenía fijada su residencia en la calle La Paz de Tumeremo, junto con su esposa Soledad Morales. Cuentan que en el solar de la casa había un frondoso cerezo, dónde los fines de semana se desarrollaban reuniones, que al final terminaban en un gran concierto, y a la vez en parranda.

El concierto comenzaba el viernes, y concluía el domingo en la noche. El Negro Rivero, y Miguel Morales, quienes con gran agilidad rasgan las cuerdas de las finas guitarras, Arquímedes-Quimo Álvarez, al bandolín, con la bandola El Sargento Bolívar, Cachita, samaqueando, y escobillando las maracas, Pedro Oronóz, hace llorar su violín, Arturo López, se ajustaba una sinfonía en la boca, y al mismo tiempo, con una extraordinaria destreza, tocaba el cuatro y la sinfonía, cuya entonación producía unas sonoras y maravillosas notas musicales.

Los vecinos del sector se congregaban en el cerezo, para escuchar el extraordinario concierto, todo un espectáculo. Aún queda el recuerdo de aquel frondoso cerezo, que, como testigo mudo, refugió bajo su sombra, a ese un grupo de músicos, quienes se lucían con increíble destreza haciendo gala de sus grandes dotes artísticas. Fueron ellos los que, con su volatilidad primorosa, apoyaron la cultura y el folklor tumeremenses. -








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