HONRADO E INTREPIDO: Enrique Esteban Jansen Zamora, quien ostentaba el grado de Sargento Segundo, pertenecía al componente de la Guardia Nacional. Nació en Tumeremo, Estado Bolívar, el 26 de diciembre de 1913. Falleció activo en el servicio, el 29 de marzo de 1971. Su deceso ocurrió en accidente vial, a los pies de Piedra de la Virgen, una mole granítica de 80 metros de altura, justo en la entrada a la sierra de Lema, puerta también a la Gran Sabana.
Hijo de un inmigrante antillano llamado Enrique Jansen y de Ventura Zamora Aponte. "Enriquito" fue el mayor de ocho hermanos: Horacio, Ana, Benjamin, Jacobo, Ismael, Elías y Samuel. Todo criados entre el "pueblo" y la actividad ganadera de los hatos “Las Cosoibas” y “Las Verás” o “Veradas”.
Su espíritu inquieto, ansioso de aventuras y ciertas circunstancias personales lo llevaron a alistarse al grupo de Pioneros de la policía de fronteras. Grupo que a la postre, sería absorbido por la Guardia Nacional. Este Grupo de Fronteras, tenía la firme misión de garantizar presencia venezolana en la confluencia de la triple frontera Venezuela-Brasil- Guayana Inglesa.
Al asumir la tarea de estafeta o mensajero del grupo de Fronteras, le tocó ir a pie entre Tumeremo y Santa Elena de Uairén, para llevar y traer los "partes" de esa misión. Si bien los viajes iniciales duraban tres meses, él logró reducirlos a un tiempo de ocho días. En su afán de reducir esos tiempos, se apoyó en los indígenas de la región, de quienes aprendió sus costumbres y los dialectos taurepán, arecuna y kamaracoto, entre otros. Con una extraordinaria facilidad para los idiomas, tenía nociones del inglés por las influencias antillanas de El Callao y por la presencia en la zona de mineros Guyaneses.
Igualmente el contacto con brasileros, lo llevó a dominar con fluidez el portugués, que se habla comúnmente en la frontera con el Brasil.
En esa tarea de acortar y enderezar las rutas en entre Tumeremo y Santa Elena de Uairén, descubrió los pasos más angostos de los ríos y quebradas, conoció a plenitud la flora, fauna y pesca de la zona. La llegada de los vuelos aéreos, le impidieron bajar los tiempos mucho más, pero el título de "baqueano" ya estaba garantizado. Ese título, le serviría para apoyar a los proyectistas en los trazados de la carretera de El Dorado a Santa Elena de Uairén.
En 1945, se casó con Pastora Maneiro con quien procreó seis hijos, cinco varones y una hembra. Las condiciones sanitarias de la época y de la zona hicieron que Pastorita contrajera tuberculosis y Enriquito no dudó en ponerla en manos de la ciencia médica de la capital de la república. Los dos mayores hijos de dos años y meses y el otro de meses apenas serían por cinco largos años compañeros de vida de Enriquito.
Salir de Santa Elena implicaba hacerlo por avión. Era un vuelo de casi dos horas, en un bamboleante DC-3 hasta Ciudad Bolívar. Llegar a Caracas sumaría más de 12 horas adicionales, en calurosos autobuses que llegaban a algún lugar de la caraqueña avenida San Martín. Ese trayecto ida y vuelta, se hizo muchas veces para visitar a la paciente y de paso aprovisionarse de curiosas herramientas como las limas, para el desbaste y afinado de las puntas de flechas y anzuelos de sus amigos y protegidos indígenas. Nylon de pesca, guarales para chinchorros y atarrayas y muchas otras cosas más.
La frontera tiene sus propias circunstancias. El contrabando, el tráfico ilegal de personas y mercancías. Temprano entendió, que para los indígenas no existen fronteras y debió convencer a las demás autoridades de esa realidad.
La Gran Sabana, zona minera por excelencia, también tenía sus contradicciones. Controlar la minería ilegal en las zonas que no eran de libre explotación, lo obligaron a hacer gala del manejo equilibrado y equitativo, manejado entre su autoridad y su humanitarismo.
Común fue verlo asumir el rol de primera autoridad militar, en conjunto con las demás autoridades civiles, eclesiásticas y fuerzas vivas del poblado. Así mismo se le veía compartiendo en las "malocas" o aldeas indígenas con una totuma de kachirí (bebida alcohólica fermentada a base de yuca), en las celebraciones especiales.
Fue un autodidacta que recurrió a la mecanografía para comunicarse por escrito, pues, "tenía la letra muy fea"; como él mismo lo decía. Los manuscritos donde narraba sus viajes, travesías y andanzas por la Gran Sabana están desaparecidos o archivados en algún lugar, donde ojalá puedan ser recuperados y publicados.
El cuatro de agosto de 1962, fue condecorado con la Cruz de la Fuerzas Armadas, en su tercera clase, por el entonces presidente de la republica Sr. Rómulo Betancourt.
La mañana del 29 de marzo de 1971, con 58 años de edad y disminuida su agilidad, por sus casi 100 kilogramos de peso y una doble fractura de las vértebras lumbo-sacras, acontecida en otro accidente vial en los años sesenta; y ante el percance de la pérdida del control del camión donde se trasladaba decidió saltar. Salto que no fue lo suficientemente lejano y cayó debajo del camión que le quitó la vida. Así se cerraban 35 largos años de servicio a la Patria, Guardia Nacional y a su comunidad.
Sus restos, reposan en el mausoleo de la Guardia Nacional en la ciudad de San Félix de Guayana. Un cortejo fúnebre de aproximadamente un millar de personas, acompaño a una caravana de cientos de vehículos, trasladando sus restos, hasta su última morada, donde se rindieron los honores militares y civiles, además por sus hermanos perteneciente a la Gran Logia Masónica “Bolívar y Sucre” de San Félix.
Le sobrevivieron 14 hijos y tres criados: Margarita, Efrén, Orlando, Naulinde, Nidia, Eloy, Otto, Lino, Hernán, Julieta, Winston, María Delvalle, Gregorio y Felícita. Además Hatueliam Zamora, Antonio Fernández y Luis Oliveira; criados y amados como sus hijos.
Desde marzo de 1979, el comando de la Guardia Nacional de Santa Elena de Uairen lleva el nombre de “Enrique Jansen Zamora”, para honra y orgullo de quienes los conocieron, especialmente de sus hijos, nietos, bisnietos y demás familiares.
En este año, año centenario de su nacimiento, renovaremos su recuerdo y donaremos al cuartel de Santa Elena de Uairén una foto suya donde orgulloso de su vida, su obra y su condecoración será visto por sus compañeros de armas y por los visitantes.
Esta es la historia contada y confiada a Baluartes, por los familiares de Enrique Jansen, un intrépido sargento de la Guardia Nacional, quien hizo del sur inmenso territorio del estado Bolívar, su zona de trabajo y desempeño. Una labor ardua y extenuante, con el compromiso de servirle a la patria y la comunidad, manejando sabiamente la autoridad y el humanismo. Dios le tenga en su gloria. Escrito y graficas provenientes de la familia Jansen Maneiro, especial para Baluartes.


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