Remembranzas tumeremenses...
La invocación del Capuchino...
Tumeremo, pueblo colmado de leyendas, y hechizos donde aún perpetuán hechos relevantes ocurridos en el siglo pasado, y comienzo del presente, donde la fantasía encumbra una aurora de fábulas macabras y aterradoras elucubraciones que nutren la tradición tumeremense.
Los Frailes fundadores de Tumeremo, quisieron enaltecer con una plegaria al Dios Omnipotente, para que el recién fundado pueblo, fuese protegido por el manto sagrado de la Virgen de Belén, y sus habitantes disfrutaran del privilegio de la Fé católica; y por consiguiente conservar el respeto a la Iglesia, que como piedra angular representa al crucificado del Gólgota.
La palabra religión es un concepto filosófico que define una relación con la Divinidad, donde el ser humano en determinado momento expresa su emoción psíquica con el fin de encontrar a Dios y, a su vez encontrarnos con nosotros mismos. Porque ambas búsquedas son, en el mismo fondo, una sola.
El Pastor y Guía de la comunidad parroquial, es el fiel exponente de la palabra divina que tiene que recorrer el sempiterno, y trajinado vaivén de las vicisitudes del destino, y muchas veces afrontar atropellos, calumnias y toda clase de calificativos que lo perjudican desde el punto de vista moral y en lo personal.
“Mejor ignorancia piadosa que conocimiento arrogante”, así lo define Aurelius Augustínus (354-434), más conocido como San Agustín, escritor, teólogo, filosofo y cristiano
En el remoto año de 1910, la Iglesia Nuestra Señora de Belén de Tumeremo, era regentada por un misionero Capuchino en su condición de Párroco de Tumeremo. Se trataba de un hombre humilde, sencillo y servicial, que aparte de cumplir con el servicio religioso, realizaba frecuentes visitas a los diferentes sectores de Tumeremo.
Una mula era su medio de transporte para movilizarse y visitar a las comunidades de Tumeremo, llevando el mensaje del Divino Maestro de Galilea a los más necesitados.
Una tarde regresaba de la comunidad de Laguna Larga, donde horas antes le había suministrado la extremaunción a un moribundo. Como de costumbre procedió amarrar la mula en un frondoso chaguaramo que estaba ubicado a un lado de Plaza Bolivar.
Su sorpresa fue al día siguiente cuando observó el horripilante espectáculo; la mula echada en el pavimento sobre un charco de sangre. Le habían cortado el rabo.
Señala la historia que el Capuchino se hincó de rodillas, y profirió una invocación donde imploraba que ningún sacerdote volvería a la Parroquia de Tumeremo.
Lo cierto es que en años sucesivos y recientes, muchos sacerdotes han sido vilipendiados, calumniados, y maltratados. Para el año de 1953, ejercía su apostolado en Tumeremo el Presbítero Samuel Pinto Gómez, un excelente Pastor quien con responsabilidad condujo la Parroquia. Años más tarde fue investido con el título de Monseñor, y designado Deán de la Catedral de Ciudad Bolivar
Una mañana amanecieron las calles del pueblo floreadas de pasquines, donde ofendían al sacerdote al extremo. Los ataques fueron inmisericordes. Al Padre Pinto, no le quedó otra alternativa que renunciar al cargo de Párroco
En el año de 1960 se engendra un hecho que perjudica moralmente al Párroco de ese entonces al Padre Padilla, un sacerdote que con esfuerzo hizo las veces de albañil logrando construir la actual casa Parroquial; igualmente logró obtener con el apoyo de la feligresía y comerciantes de Tumeremo los actuales bancos con que cuenta la Iglesia.
En la casa parroquial fundó una escuela donde impartía clases de francés, inglés y latín, muchos jóvenes obtuvimos la sapiencia y conocimientos impartidos por el Padre Padilla.
A los pocos meses brotaron los incandescentes rayos de la malignidad y la iniquidad perversa, perjudicando moralmente al Padre Padilla, cuyo resultado no fue otro que dejar la Parroquia
El Padre Dionisio Márquez, fue otro objetivo seleccionado por parte de las impúdicas catervas que se dedican a proliferar epítetos calumniosos para manchar la personalidad del Párroco de turno.
En esa sucesión consecutiva de un recalcitrante relapso de injurias, le pusieron el ojo a un joven recién ordenado sacerdote el Padre César Cova. A ese cura lo volvieron trizas, vilipendiado, y decepcionado se marchó de Tumeremo.
El Padre Ricardo Benedetti, sufrió las inexorables irreflexiones de la eterna malevolencia, y de las glosas insidiosas que siempre circundan los predios de la Santa Iglesia Nuestra Señora de Belén.
El Padre Ricardo Benedetti, fue un sacerdote ejemplar, quien se distinguió profundamente por el amor a los más pobres de los pobres desde su profundo y efectivo amor a Dios. Falleció ahogado en las turbulentas aguas del río Aponguao, sus restos reposan en la Iglesia Nuestra Señora de Belén de Tumeremo.
El Padre Ezequiel Serrano, impulsor y fundador del Campo Escuela San Jorge, y del Grupo de Scouts, fue otra víctima que sufrió los rigores de la iracunda perversidad, y vileza villana. Murió en Tumeremo, y sembrado en el cementerio local.
Y, para cerrar con broche de oro, le tocó el turno al Padre José Gregorio Contreras, un sacerdote virtuoso e incansable, quién durante cuatro años de trabajo pastoral, desarrolló una excelente acción social en beneficio de la feligresía tumeremense.
Su acción pastoral está a la vista, con resultados extraordinarios, y fructíferos para bien y en general de la Iglesia Católica tumeremense.
Con esfuerzo y dedicación logra el apoyo de la feligresía, mineros artesanales, comerciantes, y logra recolectar la cantidad de 200 gramos de oro minero, y 16 gramos de oro en prendas elaboradas, que al ser analizadas por la empresa Center Goold, para un gran total 206.49 de oro puro, procediéndose a la elaboración de la nueva corona de para Nuestra Señora de Belén, cuyo acto de coronación canoníca se efectuó el 26 de enero del 2021.
Para complementar el daño moral, y continuar con la arremetida frontal en contra del Padre José Gregorio Contreras, atrabiliarias voces han circulado comentarios malsanos que: “la corona fue elaborada con un material de bajo tenor”, exponiendo en tela de juicio a las personas que conformaron el Comité Asesor, e inclusive la seriedad, y responsabilidad de la empresa que elaboró la corona.
El Padre José Gregorio Contreras implementó la popular Olla Solidaria. Con los Grupos Parroquiales se desplazaban a las diferentes comunidades, y rodeado de su pueblo preparaban una suculenta sopa que era servida a toda la vecindad. Concluyendo con un mensaje de amor fraternal. Así es la idiosincrasia, y temple del Párroco de Tumeremo, Presbítero José Gregorio Contreras
En esta oportunidad el seleccionado fue Padre José Gregorio Contreras, a quien le tejieron una trencilla oprobiosa de ignominias. Infamias, calumnias, cuya ominosa y siniestras consecuencias, fue una vulgar y vil emboscada, donde la agresión, y la alevosía se convirtieron en la pérfida traición.
Debido a los múltiples, y complejos problemas que han tenido que afrontar algunos sacerdotes, la Parroquia Nuestra Señora de Belén de Tumeremo, durante muchos años y meses ha permanecido sin la presencia de un Párroco, oficiando la Santa misa sacerdotes de otras Parroquias.
El sacerdote representa a la comunidad parroquial, y es El Guía Espiritual; esencialmente importante. y requiere de una atención afectuosa muy particular, en cuanto a su ministerio como Párroco. Su presencia significa el contacto directo con la gente, y por consiguiente sufren a menudo irresistibles dificultades que tienen que desafiar.
Hay que recordar que sin el culto eucarístico, cómo corazón palpitante, la Parroquia se vuelve estéril. La Parroquia es, además, lugar privilegiado de la palabra de Dios
“Dios no se cansa de perdonar”. Sobre todo, porque como ha dicho San Francisco de Asís, “el mundo necesita el perdón; demasiadas personas viven encerradas en el rencor e incuban el odio, porque, incapaces de perdonar, arruinan su propia vida y la de los demás”
La feligresía tumeremense esperanzada en que la autoridad eclesiástica envié un Guía Espiritual a la Parroquia para que continúe con la labor emprendida por el Padre José Gregorio Contreras.
Glorificando una oración a Nuestra Excelsa Patrona Nuestra Señora de Belén, para que el sacerdote elegido como Párroco de Tumeremo, la Santísima Virgen, lo proteja de toda tirria, malquerencia, aversión, y maleficio. Qué Así Sea.

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