ARGENIS DAZA GUEVARA: EL LILIPUTIENSE IMAGINARIO E
ILUSTRE HERMANO GERVASIANO
Autor: Rodulfo A. Celis Vargas
Es imposible referirme al poeta Argenis Daza Guevara, el febo de la
poesía, sin que lo haga también sobre Andrés Eloy Blanco. Es como si el
hálito del padre de los siglos me implorara en mis recuerdos no
arrinconar la memoria de estos dos hijos de la patria, paradigmas y
orgullos de las letras venezolanas. El segundo, cual gigante con voz de
giraluna, evoca entre la infinitud de sus luces su canto a .los hijos,
píntame angelitos negros y a un año de tu luz; y el primero, el liliputiense
imaginario juega a las espadas ebrias, cual trisca de reyes y actos de
magia. El segundo, como monarca de la poesía popular, relata sus
hazañas devenidas en un barco de piedra por años navegando en los
mares del romanticismo al modernismo y de éste al vanguardismo, como
si pretendiera conquistar las Tierras que me Oyeron. El primjero, más que
a la irrealidad le canta a lo abstracto, a lo existencial, haciendo coro con
Boudelaire, Mallarmé y Rimbaud. Ante tal escenario, en el parnaso ríen
estos dos poetas de ayer, hoy y siempre. Andrés Eloy con su discanto de
que “el poema fallece en el cuidado de un ruiseñor dormido; y Argenis
Daza, evocando que “el poema es como una bocanada de caracol
besando la aurora”. Uno con su sonrisa lírica, el otro con su sonrisa
sardónica y existencialista.
No conoció personalmente a Andrés Eloy, tenía apenas 17 años de
edad cuando ocurrió su muerte en México, el 21 de mayo de 1955, pero
gracias a nuestro ilustrísimo profesor Jiménez Marrón, destacado docente
de Castellano y Literatura de la Normal Experimental “Gervasio Rubio”
pudo percibir toda la grandeza poética de este bardo sin parangón.
Conocí al Argenis de ayer en la indefinición del tiempo y en
un espacio sin límite, creo haberlo conocido siempre, mi
existencia fue su existencia, su infancia mi infancia y sus amigos
mis amigos, ambos nacimos en Tumeremo, un pueblo sembrado
en pleno corazón de Guayana, constriuido sobre terroncitos de
oro. Argenis, como el Caballero de la Triste Figura, con una
apariencia de mordacidad e irreverencia, fue un poeta con
aproximación al existencialismo, jamás le interesó el poder ni las
riquezas. El conocimiento útil fue su medio y su fin; y como
Rubén Darío y tantos bardos anónimos, su ingenio duerme entre
la dipsomanía y la tragedia. Su imaginación, fantasía y lenguaje
galimático lo acercaron a la inspiración surrealista y a visión
eidética sobre la pureza del lenguaje.
Argenis fue sin duda un investigador social, protestario y crítico del
statu quo de entonces, quien muere en 1994 al lado de sus espadas
ebrias, como si pretendiera escapar del dominio de Baco, hijo de Zeus y
Semele. Argenis, si bien es en su tierra natal donde toma la luna en sus
manos para forjar su imaginación, como así solía expresar en sus años
juveniles, no es menos cierto que es en Rubio, la ciudad pontálida del
Táchira, donde hubo de cincelar su personalidad, dándole brillo a su
formación literaria y creatividad poética. En 1958, desde Rubio se traslada
a Caracas, una ciudad retadora y violenta, donde todo se confunde bajo el
signo de la rebeldía, donde la anticultura de los apetitos desbocados y la
marginalidad pretenden arrollar la sobrevivencia de una cultura que busca
asidero para su salvación, y donde en especial la justicia parece haberle
dado paso a la insolencia de una clase social cuyo destino es el
predominio del ello sobre el yo, y del super ello sobre el super yo, sin
importarle los valores humanos, las buenas costumbres, la solidaridad ni
menos aún la justicia social. En esta ciudad se gradúa de abogado e
imparte la docencia en las Escuelas de Comunicación Social y de
Educación de la Universidad Central de Venezuela durante varios años
hasta su muerte.
Esta fue la Caracas que confrontó Argenis hasta sus últimos días; y me
atrevería afirmar que, dadas las circunstancias actuales, estaría hoy
igualmente en pies de lucha al lado de los que aspiran una Venezuela
distinta: ¡Una Venezuela donde impere la justicia, la libertad de
pensamiento, la probidad, la imparcialidad de los poderes públicos, la
productividad y una verdadera soberanía agroalimentaria, sin
manipulaciones ni sumisión!. ¡Una Venezuela donde no reine el
esclavismo ideológico, la demagogia, la corrupción ni la mentira!. Juntos
hubiéramos exclamado: NOS EQUIVOCAMOS, PERO ERRARE HUMANUM
EST. Esta no fue la Venezuela por la cual luchamos.
Es en Caracas donde Argenis, el liliputiense imaginario, se nutre de la
realidad y la irrealidad, y vive lo que intrínsecamente siente un ser
humano: sus angustias, sus tragedias, la miseria y el sufrimiento, pero
también el amor, la pasión y el afecto, y lo más trascendente para un
bardo febril como Argenis: su contacto sólido con Apolo, el Dios del
intelecto, de las letras y de las artes; con Eros, el Dios griego del amor;
con Venus, la Diosa de la Belleza, nacida de la espuma de mar y
representante de la gracia y la hermosura; y con Temis, la Diosa de la
justicia, cuya fuente le permite al poeta captar apasionadamente el nous
divino y humano de la justicia, de la ley, del amor y de la poesía. Argenis
fue incontrovertiblemente, uno de los poetas más prolíficos de las cuatro
últimas décadas del siglo XX.
Sin duda, no puedo dejar de reiterar que, Argenis es uno de los poetas
más sobresalientes de las últimas cinco décadas del siglo XX. En el año
1959 publica su primer poemario, intitulado <<Espadas ebrias>>. Formó
parte de la revista Jakemate. Fue miembro fundador del Grupo en HAA. A
finales del año 1964 publica su obra poética <<Actos de magia>> y el año
de 1967, <<Juegos de reyes>>. Fue por muchos años profesor de la
Escuela de Educación de la U.C.V., donde cariñosamente sus alumnos lo
llamaban “El Abstracto”, por cuanto solía hacer gala del discurso
dialéctico, sibilino e ininteligible, con un estilo marcademente
heracliteano. Fue también profesor de la Escuela de Comunicación Social
de la U.C.V., ejerciendo hasta su muerte, las cátedras de “Ética y
Legislación”, “Problemas Sociales Contemporáneos” y “Lenguaje
Informático”. Son inumerables los poemas que escribe y publica e
incuantificables los artículos publicados en el Diario El Nacional, de quien
fue Director de su Papel Literario, referido en su mayoría a la problemática
social y a los derechos humanos. Socialmente, como solían decir sus
amigos, fue un irrevente con rasgos de existencialista y dipsómano
romántico. Se diría que fue un pedagogo social por antonomasia. En el
orden moral asimiló suo tempore las lacciones de moral y luces del
código de ética de nuestros antepasados. La probidad conjuntamente con
las virtudes dianoéticas fue su norte. En el orden profesional tuvo mística
y vocación de docente. La amistad fue para él uno de los valores más
resaltantes de su quehacer cotidiano. El Argenis de hoy, ha ascendido sin
retorno a las cimas parnasianas para continuar, cual vate de la eternidad,
declamándole a las musas, inspiradoras de la música, de las artes y la
poesía, para no volver a decir jamás, las musas me han abandonado.
En este pequeño ensayo sobre el poeta Argenis Daza Guevara, referido
a su obra y su vida, no puedo dejar de señalar que su poesía fue un
engendro de su soledad estoica en una sociedad insensible a la cultura y
a las artes. Ser poeta y sobrevivir dentro del marasmo político y social que
asolaba al país en la décadas del sesenta, setenta y ochenta del siglo
pasado, sólo él -como muy pocos otros intelectuales - pudo hacerlo
porque tuvo precisamente vocación para soportar la miseria, hacia un
modo de vivir de la nada, subsidiado con las migajas de la abogacía que
poco ejercía o de la docencia, ésta última relegada a la marginaldad,
donde el poeta y el docente se identifican y se dan las manos de parias.
Empero, no es posible describir su semblanza sin que se haga un análisis
valorativo de su poesía, considerada profundamente intelectualista con
matices de surrealismo, de alto contenido filosófico con aproximación a
lo fenomenológico y al existencialismo, entibada en lo mítico y lo
geométrico. No hace uso de la rima ni de la medida, pero su grandeza está
en la armonía rítmica de sus palabras, en la que cada verso es un
diapasón que vibra con el verbo y belleza del lenguaje, como si
pretendiera alcanzar el éxtasis con cada idea, con cada tropo. Fue como el
límite de sus poemas, entre la realidad y la irrealidad, entre lo abastracto y
lo concreto. Así, en su poema “Posee la irrealidad”, expresa: //Cuando no
era yo/o en la luz abrazante de la conciencia/¡Oh!, ¿Quién semejaba
interna proporción aduciendo la embriaguez, el sojuzgamiento ante la la
palabra o la ignorancia?/Posee la realidad /y nada advierte, en el espacio,
su cuerpo lejos del límite//. De igual modo el poeta penetra más allá de su
existencia, cuando en otro de sus poemas: “Comienzo y fin”, finaliza:
//Danza irreal/entre movimiento que es realidad/y la perenne bruma, que es
comienzo y fin//. Esta misma evocación poética la encontramos en su su
poema “El guerrero”: //Caballo de viento sobre el monte/caballo de viento
soplando el mar/ el raptor de amor. Herido siempre. Herido nunca./Muerto
siempre. Muerto nunca/. En su poema “Próximo y perpetuo”, penetra la
dimensión inédita://Si eres espacio de una dimensión inédita/la fuga
permanece sin distancia/exentos de contenido/los cornos esparcen
música cuyos lamentos/esperan el torneo. Cada signo define la
tragedia/en un suceso ajeno//.
Por último, de Argenis nos dijo Carlos Yusti: <<Hay poetas
inclasificables, poetas que vienen de lugares extraños donde las palabras
son naipes mágicos, barajas marcadas que predicen derrotas y fracasos.
Si tengo que cuadricular al poeta Argenis Daza Guevara tendría que
llamarle el tahúr de la metáfora sin poses ni ademanes>>.
EL DARDO IRÓNICO DEL POETA
Argenis Daza, un bardo, de esos dechados de gloria, de prosa
poética reputada de óptima, en un Restaurante de Caracas, de entre los
más distinguidos de ese lugar que bohemios y escritores suelen llamar
República del Este, él y yo, frente a la barra del Bar, en un gran salón
pomposo y decorativo, cada quien con un vaso de buen scotch, con el
ademán – tras la palabra ¡salud! - un brindis fraternal y simultáneamente
el choque musical de los cristales, obligan a expresar al poeta, entre su
mordacidad subyacente y el delirio de lo trascendente:
¡Venezuela es un país de poetas! - y ¿Por qué siempre los dos Andrés:
Don Andrés Bello y Andrés Eloy Blanco?- ¿Por qué no yo, un poeta
reconocido y premio nacional de poesía?.
-Ante tal abjuración, me preparé para el diálogo:
- Yo: - ¡Poeta!, - me atreví a sostenerle - creo que Don Andrés Bello es un
poeta sin parangón en la historia de la literatura americana, el Primer
Humanista de América y bardo de las glorias de nuestros libertadores; de
la misma manera, creo que Andrés Eloy Blanco es el poeta más original
que ha tenido nuestra Patria, fue el verdadero cantor de nuestra poesía
popular y por esto se le reconoce como el fénix de este género literario.
¿Qué tal, los primeros poemas juveniles románticos y filosóficos, con
aliento bucólico, como “El Anauco”, “Venezuela Consolada”, y “A la
Victoria de Bailén, de estilo sobrio y de sabor a idioma patrio de Don
Andrés Bello?, y ¿Qué tal << El Canto a la Espiga y al Arado>> y << El
Orinoco, el Río de las Siete Estrellas>> de Andrés Eloy Blanco?.
El poeta: - En sus poesías hay mucho de bagatelas.
- Yo: - Y ¿”Silva a la Agricultura en la Zona Tórrida” de Andrés Bello?; y
¿”La Hilandera” de Andrés Eloy Blanco?
- El poeta: - Prefiero “Vuelta a la Patria” de Pérez Bonalde.
- Yo: Y ¿”Alocución a la Poesía” de Andrés Bello?, y ¿”Canto a los Hijos”
y “Elegía a la Madre” de Andrés Eloy Blanco?
- El poeta: - Son baratijas con alguna unción lírica hiperbolizada. Prefiero
“La Pobre Madre” de Vicente Coronado y a “A mi Hijita de Cinco Años”
de Juan Camacho.
Yo: Y ¿La Oración por Todos” de Andrés Bello?, ¿”La Renuncia”,
“Silencio” y “ A un año de tu Luz” de Andrés Eloy Blanco?
- El poeta: - Ya es la hora de la conciencia y del pensar profundo: cesó el
trabajo afanador, y al mundo la sombra va a colgar el pabellón.
Tus preguntas, son ficciones que a veces dan a lo inaccesible, porque
cuando yo me quede muerto será un silencio de amor y le gritaré al dolor,
¡No he muerto nada!, y así viajaré al infinito con mi corazón de estrellas.
- Yo: - Poeta, creo que el espíritu de Baco ha despertado tu legítimo
sentimiento y admiración por los dos Andrés, imparangonables en la
historia de la poesía venezolana.
- El poeta: - Mira! ... pareciera ser que no has entendido que mi dardo
irónico en negar la virtuosidad de estos dos Andrés es sólo un juego,
toda vez que ambos vates forman parte de numen poético, de cuyos
hálitos seductivos no puedo separarme. Ambos han sido los poetas de mi
padre, de mi madre y de mis hijos; y son y seguirán siendo para siempre
desde la cima del parnaso los poetas de todos los venezolanos; y en
cuanto a mi, sólo he podido escribir unos cuantos versos, pero no los
recito, porque discanto los de los dos Andrés que están en cada escuela y
en nuestros corazones. Pareciera que - como en las “Coplas del amor
Viajero” - los viera flotar en la bruma de su blancura aureola o evocarlos
en mis propios sueños. El diálogo se convierte en un monólogo donde
sólo el poeta con su extraordinario numen literario, analiza la obra de
ambos genios de la literatura y la poesía, discuriendo con la inteligencia
pedagógica del buen maestro sobre la mayoría de las poesías de Andrés
Bello, sin obviar su Gramática y la utilidad de ésta en el proceso de
enseñanza - aprendizaje en nuestras escuelas. Asimismo, recita parte de
los poemas “El Anauco”, “Venezuela Consolada“ y Canto a España” de
Andrés Bello”; y transita por “Canto a Rubén Darío”, “El Huerto a la
Epopeya” y “Coplas del Amor Viajero” de Andrés Eloy Blanco.
Al final, siendo casi las doce de la medianoche del Año Nuevo, el poeta
exclamó: Andrés Bello, será siempre Andrés Bello, guía y ejemplo de la
juventud estudiosa de Venezuela y Latinoamérica; y Andrés Eloy, el poeta
de ayer y de hoy, por él yo tengo a mi <<Florinda en Invierno>>. En ese
instante entre luces y el ruido de los cohetes se oyen “Las Uvas del
Tiempo”: ¡Madre, esta noche se nos muere un año. En esta Ciudad grande
todos están de fiesta!.
Nuestras caras se llenan de alborozo y en medio de una hilaridad
barroco, alzamos nuestro brazos para estrecharnos en un feliz y
venturoso Año Nuevo. Y de seguida con la usual señal del <<estribo>>,
una bocanada de scotch y ¡hasta luego!. ¡ADIOS ARGENIS!....¡ADIOS
RODULFO!, y el abrazo de siempre.
En la madrugada del 28 de abril de 1994, dejó de existir en Caracas el
poeta Argenis Daza Guevara, nuestro eximio hermano gervasiano, a causa
de un hematoma subdural que le produjo una caída.
Publicó siete libros de poesía y dos ensayos.: uno sobre la libertad de
expresión y otro sobre la prognosis. Fue procurador general del estado
Bolívar y profesor de derecho penal en la Escuela de Comunicación social
de la Facultad de Humanidades de la UCV.
TUMEREMO, SU PUEBLO NATAL
Nacido en Tumeremo en 1939, tiempos febriles del Balatá, Argenis
Daza Guevara quedó huérfano cuando cursaba el primer año de
bachillerato en el Liceo Peñalver. Entonces debió ser internado en la
Escuela Normal Experimental Gervasio Rubio, del Táchira. Su padre
Francisco Daza Carmona, era escritor, pintor y juez de Tumeremo. Como
hecho curioso, pintó al profeta Enoch cuando peregrinó por Guayana en
tiempos de la humareda. La pintura existe y se venera en la Capilla de El
Manteco.
Daza definitivamente se radicó en Caracas como casi todos los
intelectuales, políticos y artistas de valía de este estado. Ocasionalmente
venía a encontrarse con los amigos y a contemplar el río desde la barra
del Hotel Bolívar con un vaso de fino escocés aromando el ambiente.
La última vez que lo vimos vino invitado por sus paisanos el doctor
Ramón Córdova Ascano y Amílcar Fajardo y por coincidencia se encontró
con su otro paisano, el pintor Omar Granado, quien trabajaba desde años
en la Extensión Cultural de la Universidad de los Andes.
Poco tiempo después también visitó nuestra tierra natal y se vino
decepcionado, aunque reconocía que “Tumeremo siempre ha sido
tomorrow night, sólo que ahora se ha transformado por la cultura minera
asediada por el asalto, la aventura y la violencia.
El Tumeremo de los padres del poeta era un pueblo balatero y,
precisamente, una de las cuestiones que a Argenis llamara la atención era
el hecho de que no exista una literatura del balatá a pesar de que en
“Canaima”, uno de los mejores capítulos de Gallegos es el de la
Tempestad. Tumeremo era un pueblo balatero, no de aventuras, arribistas
o atorrantes.
Esa vez que viajamos a Tumeremo, pregunté al poeta si su apellido es
de raíz tumeremense y dijo que hay una experiencia histórica que desde el
punto de vista sociológico merece ser estudiada. Tumeremo es un pueblo
donde existe un ancestro larense. Los apellidos Daza, Castillo, Núñez, son
de origen larense. ¿Por qué llegaron a Tumeremo? Seguramente
buscando oro o como el profeta Enoch.
El profeta Enoch, ciertamente, llegó allí y nadie sabe de dónde vino, cómo
llegó y a qué. Su padre lo pintó por primera vez en El Manteco donde
existe una capilla que abren en ocasiones muy específicas con ese dibujo
que hizo su padre Francisco Daza Carmona. Su papá era escritor, pintor y
juez de Tumeremo, pero nativo de Barquisimeto.
El poeta me contó que tenía una tía que salía a las minas cuando había
una “bulla”, pero siempre regresaba sin oro y con otro muchacho. Argenis
le decía; “Caramba, tía, usted no cogió oro sino que el oro la cogió a
usted”
En Barquisimeto, a los cinco (5) días del mes de Diciembre de 2023.
No hay comentarios.:
Publicar un comentario