EN MEMORIA DEL PADRE RICARDO BENEDETTI:
El Padre Riccardo Benedetti nació en Marone (Italia), el 7 de julio de 1.949. Su origen es de familia humilde, trabajadora y cristiana. Su infancia y adolescencia fue la de un niño normal, estudiaba y practicaba las artes, entre ellas el dibujo, la escultura. Finalizando la primaria, se inicia en el Seminario Diocesano de Brescia y allí obtuvo su formación humana-cristiana. Fue ordenado sacerdote en la Catedral de Brescia junto con 22 compañeros el 9 de junio de 1973.
Los primeros años como vicario parroquial los vivió en:
Piamborno (Italia) entre 1975 - 1975
Agnosine (Italia) 1975 – 1979
S. Faustino di Bione (Lyon, Francia)
Postulantado hermanitos del Evangelio en:
Valvestino (Italia) 1980
Quebrada Arriba (Lara, Venezuela) 1980 – 1989
El Dorado (Bolívar, Venezuela) 1989 – 1992
Curarigua (Lara, Venezuela) 1992 1995
Tumeremo (Bolívar, Venezuela) 1995
En todas las parroquias donde estuvo dejó un recuerdo imborrable de su bondad, humildad y trabajo. En Tumeremo (Bolívar), fue donde comienza su lucha al ver el rostro de Cristo en los indígenas Kariñas de los cuales recibió muestras de cariño y respeto.
En su estadía en el año 1991 como párroco encargado de Tumeremo ve las dificultades que afrontan algunos niños indígenas al no tener educación; decide asesorarse y es así como conoce la obra del padre José María Veláz: las escuelas de Fe y Alegría de la cual se sintió muy identificado. Tomo para el una de las frases con que se identifica esta gran obra: “Donde termina el asfalto, ahí comienza Fe y Alegría”.
Ese mismo año queda fundada la escuelita de Fe y Alegría “Pozo Oscuro” la cual daría cabida a niños indígenas de la etnia Kariña.
Su incansable amor por los niños y jóvenes también lo llevo a pensar y soñar en ellos pero en Tumeremo. Con grupos de apostolado de la parroquia Nuestra Señora de Belén emprende otra gran obra de Educación: un colegio para Tumeremo de Fe y Alegría. Con la docente Catica Herrera directora de la escuelita indígena de Pozo Oscuro decide iniciar trámites ante Zona Educativa de Bolívar y se da la posibilidad al tener un espacio en las antiguas instalaciones del liceo Zabaleta.
Allí con el trabajo arduo del día a día se da por reparada las instalaciones educativas y se inicia la propaganda la cual se daba en su Toyota azul por las diferentes calles de los sectores aledaños acompañados de amigos de la parroquia a través de un megáfono mientras el grupo de docentes realizaban las inscripciones en un primer momento en la Casa parroquial y luego en lo que sería el colegio.
Un 21 de noviembre del año 1992 se da por inaugurada. Pocos fueron los que se inscribieron y muchos los que no creyeron en la obra. Hoy esta institución educativa lleva el nombre de la Patrona de la población “Nuestra Señora de Belén” y cubre los cuatro sub niveles educativos: Educación inicial (Preescolar), Educación Primaria (Primer grado a sexto grado) Educación Media General (primer año a tercer año) y Educación Media Técnica (Cuarto a sexto año de técnico medio) aquí se visualiza uno de los lemas del colegio: “Empezar de la nada es cimiento de grandes obras”.
El Padre Ricardo fue una persona amorosa al trabajo; decía que el oscio se debía atacar con trabajo productivo, por eso construyo en la parroquia Nuestra Señora de Belén salones para impartir talleres de madera a los niños y jóvenes (Obra inconclusa) y con bienes propios dos capillas: una en el sector Chimborazo en honor a la Virgen del Carmen y otra en el sector El Pariche en honor al Corazón de Jesús.
Su legado aun vive en los indígenas (rostros de Cristo sufriente) y en los que tuvieron la oportunidad de vivir cerca de él, conocerle, escuchar sus consejos, sermones en la misa, de ver y estar en sus travesuras, sus alegrías y tristezas, de despojarse de lo material para dárselos a los demás.
Un 17 de agosto de 1.995, decide ir de excursión a el Salto Aponwao, en el Parque Nacional Canaima junto a niños, catequistas de la Parroquia Nuestra Señora de Lourdes, y docentes de Fe y Alegría “El Dorado” para que conocieran las grandezas de Dios en la naturaleza. La lancha donde se transportaban todos para ver el imponente salto se apagó y fué arrastrada por las caudalosas aguas del río. Su última frase fue: “Mis niños no saben nadar… me voy con ellos”.
Sus restos reposan en la Santa Iglesia Parroquial Nuestra Señora de Belén a los pies de la imagen de su amado Corazón de Jesús su buen amigo, Maestro y Señor.
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Don Ricardo Benedetti Misionero
Testigos
Marone, Brescia, 7 de julio de 1949 - Río Aponwao, Venezuela, 17 de agosto de 1995
En un ambiente como el de Marone (lago de Iseo), lleno de vocaciones religiosas, Ricardo pronto también sintió la llamada al sacerdocio y entró en el seminario diocesano de Brescia, ya en sexto grado.
Siguió el curso de sus estudios y formación de forma regular y constante. Siempre disciplinado, estudioso, ayudado por su buen carácter, pero también por su vivacidad y simpatía, sereno e incluso ingenioso.
Fue ordenado sacerdote el 9 de junio de 1973 en el seminario de Brescia. Al día siguiente se celebró su primera misa en Marone: gran alegría y celebración para la familia y para toda la comunidad.
Inició su ministerio como vicario en Piamborno (73-74) y en Agnosine (75-79). También tuvo una breve experiencia pastoral en la comunidad de Val Vestino y experiencia laboral en Lyon, Francia.
Fueron años de intensa actividad pastoral y de profunda vida interior: allá donde iba dejaba un vivo recuerdo de bondad, de laboriosidad, de pobreza (amaba esta virtud).
En su corazón, sin embargo, "alimentaba" el deseo de separarse de lo que le daba seguridad y de lo que amaba (familia, parientes, amigos...), de una vida, en su opinión, demasiado "cómoda" para poder dedicarse a los más pobres, a los "últimos" (que ubicó en América Latina).
Finalmente el 11 de noviembre de 1980 Don Ricardo partió como "fidei donum" hacia Venezuela, con destino a la parroquia de Quèbrada Arriba, en la diócesis de Barquisimeto. Este fue su "primer amor", la parroquia donde permaneció más años (nueve), la que amaba más que a todas y donde más lo amaban, así como en la parroquia de Curarigua, donde sin embargo solo permaneció por dos años.
Es difícil resumir sus múltiples actividades de carácter espiritual (catequesis, liturgia, festividades, formación de jóvenes...) y material (renovación de la iglesia y casa parroquial, escuela, carpintería, escultura, talleres de artesanía diversa, campo deportivo, biblioteca...).
Después de una visita a un amigo suyo en la diócesis de Ciudad Guayana (una inmensa y difícil diócesis con pocos sacerdotes), Don Riccardo decidió dejar su cómoda y relativamente pequeña parroquia para aventurarse en la más grande y difícil de El Dorado, parroquia sacerdote de los mineros de oro, de tres comunidades indígenas y de la Penitenciaría Nacional.
Inmoralidad pública, explotación, prostitución, delitos de todo tipo: estas son las peculiaridades de esta zona. Don Ricardo aceptó también hacerse cargo de la parroquia de Tumeremo, a más de 80 kilómetros de El Dorado, todavía en la diócesis de Ciudad Guayana.
Esta fue una gran prueba que lo debilitó física y moralmente (lucha contra los terratenientes, poder corrupto, campaña de calumnias...), hasta el punto de que en noviembre de 1992 su obispo lo convenció de trasladarse a la antigua y devota parroquia de Curarigua (nueva diócesis separada de la de Barquisimeto). Trabajó aquí de 1992 a 1995, con su estilo y entusiasmo habituales. En este período regresó su nostalgia por Guyana y más cuando supo que en El Dorado vivían dos de sus amigos: el padre Adriano y el padre Damián. De nuevo como misionero "fidei donum", obtuvo la autorización del obispo de Brescia para regresar a Guayana y precisamente a Tumeremo donde llegó en junio de 1995.
Pero el destino, o más bien la Providencia, ya preparaba el fin de tal existencia. Durante un viaje en bote por el río Aponwao, debido a una falla en el motor, la embarcación, con casi todos los pasajeros, cayó a una profunda cascada. Don Ricardo, buen nadador, respondió a los de la orilla que le instaban a salvarse nadando (y fueron sus últimas palabras): "Los niños no saben nadar, yo voy con ellos".
Fuente: https://www.santiebeati.it/dettaglio/96029




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