viernes, 23 de febrero de 2024

Kavanayén el asís leonés.

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Kavanayén el asís leonés

Armellada, Carbajal, Villacidayo, Fresnellino. Son nombres de pueblos leoneses con resonancia en la Gran Sabana, al sur de Venezuela, desde mediados del siglo pasado. De allí procedían los capuchinos que enseñaron a leer y escribir a los indígenas Pemón, hoy conocidos por su valiente oposición a la dictadura de Maduro.

Un indígena de la etnia Pemón se baña en el Salto Ángel, en la laguna de Canaima. El parque Nacional Canaima, situado en el sureste de Venezuela, junto a la frontera con Brasil y Guayana, es uno de los mayores atractivos turísticos del país por sus variad

Un indígena de la etnia Pemón se baña en el Salto Ángel, en la laguna de Canaima. El parque Nacional Canaima, situado en el sureste de Venezuela, junto a la frontera con Brasil y Guayana, es uno de los mayores atractivos turísticos del país por sus variad

Pilar Infiesta
León

05.05.2019 | 06:00

Actualizado: 

Cesáreo de Armellada, Víctor de Carbajal, Benigno Fresnellino y Mariano Gutiérrez ejemplarizan la extensa y profunda labor que efectuaron los capuchinos leoneses en Venezuela. Llegaron a un pedazo del paraíso a comienzos del siglo XX, la tierra de los Pemón, y se encontraron con una cultura virgen, pura y de gran sensibilidad religiosa. Se integraron con facilidad, porque estos indígenas simbolizan los valores de San Francisco de Asís: el respeto a la naturaleza, la vida en hermandad, la solidaridad y un poso austero que se muestra en sus ropajes simples y en los pies descalzos.

Imagen de los capuchinos con algunos de los indígenas. DL

Esos cuatro muchachos que estudiaron en el convento de San Francisco de León y se colgaron el hábito capuchino, se internaron en aquellos parajes remotos para emprender admirables misiones como las de Kavanayén, Kamarata, Wonkén y Santa Elena de Uairén, donde los indígenas adquirieron herramientas para su desarrollo, además de enseñarles a leer, escribir y hacer cuentas.

Los misioneros capuchinos leoneses realizaron tres entradas históricas en Venezuela entre los años treinta y sesenta. En ellas se integraron completamente con la cultura Pemón. El padre Armellada fue el primero. Llegó en enero de 1933 y pronto fue destinado a las entonces recién fundadas misiones capuchinas del Caroní. Se radicó un tiempo en Upata (Estado Bolívar) y en mayo de ese año atravesó los abismos de La Escalera, en la serranía de Lema, como él mismo los llamó, para llegar a la Gran Sabana. En aquella época, la Gran Sabana era un rincón hermoso, pero olvidado. Todavía Jimmy Ángel no había divulgado la existencia del gran salto de agua que lleva su nombre, lo que ocurriría meses más tarde, en noviembre de 1933. Hoy, el Salto Ángel es uno de los atractivos turísticos más destacados del país, con sus 979 metros de altura.

El padre Mariano Gutiérrez con un niño pemón . DL

Tampoco existía la carretera que actualmente conecta Tumeremo y el resto del país con Santa Elena de Uairén y las ciudades brasileñas de Boa Vista (capital del estado de Roraima) y de Manaos (capital del estado de Amazonas, dos veces más extenso que Venezuela). Precisamente, el lugar por donde el pasado febrero los Pemón intentaban ingresar la Ayuda Humanitaria al país antes de ser «masacrados», según constató la Asamblea Nacional. Hubo 7 fallecidos, 80 desaparecidos y 120 desplazados. Actuaron «fuerzas irregulares», junto a efectivos de la Guardia Nacional, presuntos paramilitares, funcionarios del FAES y de la Dgcim. Otra consecuencia del ataque es que 650 estudiantes de primaria están a punto de perder el año por el cierre de la frontera. El caso ha llegado a la Comisión Interamericana de Derechos Humanos, a la Alta Comisionada de las Naciones Unidas para los Derechos Humanos, Michelle Bachelet (que visitó el país) y a la Corte Penal Internacional (CPI). Esos niños ahora huérfanos de escuela descienden de otros pequeños a los que instruyeron los capuchinos leoneses.

Viajando al pasado, la Gran Sabana era en la década de los treinta una tierra fabulosa, El mundo perdido de sir Arthur Conan Doyle. Una altiplanicie mítica de las historias cosmogónicas pemones. El leonés Armellada pudo familiarizarse con el idioma pemón, que llegó a aprender de manera amplia y fluida (especialmente la variedad dialectal conocida como kamarakoto), y con la cultura y la literatura de ese pueblo.

Los nativos vivían entonces de los recursos naturales, después del turismo y desde hace pocos años, del oro, los diamantes y el coltán. Un botín codiciado por el actual dictador, Nicolás Maduro, según sus detractores, que enmarcan la campaña de acoso contra este pueblo en el deseo de apoderarse de las riquezas de la zona. Los Pemón son el cuarto grupo más numeroso de la treintena de pueblos indígenas venezolanos, con un censo de 6.000 personas.

Detalle de los sacerdotes con los indígenas. DL

Hace casi un siglo, la evangelización que querían realizar los capuchinos en la zona conllevaba la vertiente de la formación humano- social de los indígenas, lo que no era factible en la dispersión en que atávicamente vivían. Era indispensable reunirlos en poblados, donde poder instalar todos los servicios de un pueblo « civilizado».

La sabana de Luepa resultó inútil para que la comunidad se autoabasteciera de lo primariamente necesario a la vida aún sencilla de los indígenas. Y, así, se pensó en trasladar el poblado a otro lugar. Después de varias exploraciones por las cercanías a la frontera, Armellada optó por situar el nuevo centro en Kavanayén, una altiplanicie amplia en las estribaciones del Sorororpantepui.

Así que en 1942 inició, con varios nativos, las obras de la misión Kavanayén (que significa lugar donde hay gallitos de monte) con barro, madera, caña y palma del lugar. Con Víctor de Carbajal, los edificios misionales se reformaron con materiales más consistentes, con piedra, al estilo leonés, algo desconocido en la Gran Sabana hasta ese momento.

Junto a la casa para los Capuchinos, la capilla y la casa de las Hermanas Franciscanas, se levantaron 19 casas indígenas de bahareque con techo de palma. Disponían de aeropuerto. La transformación de la comunidad fue enorme, incluyendo la escuela Padre Andújar en 1944, para niños, y otra de adultos, donde se impartían las clases por la tarde, al cesar los trabajos.

Con el empeño de un tercer leonés, Benigno de Fresnellino, la iglesia de Kavanayén fue declarada Santuario Nacional el 15 de julio de 1951, y también por el tesón de De Carbajal se llegó a abrir la primera represa hidroeléctrica del Estado Bolívar, levantada por la Misión cuatro años después. En la actualidad es una de las comunidades indígenas más numerosas y próspera. La mayoría de los Pemón bautizan a sus hijos y le dan nombres españoles, inicialmente elegían los nombres y apellidos de los capuchinos leoneses. Como Cesáreo, el religioso que más profundizó en la vida de este grupo y que hizo de la cultura pemona su piedra angular de estudio. A él se debe el primer diccionario de la lengua Pemón.

Fue notable su asociación con una gran antropóloga británica, la doctora Audrey Butt Colson, quien empezó a estudiar a los indígenas Akawaios también de lengua caribe y, más tarde, a los Pemones, en colaboración con el religioso leonés. Surgió así una extraordinaria alianza entre una antropóloga y un misionero. Fueron capaces de trascender las finalidades personal e institucional, en beneficio del conocimiento etnológico, la descripción etnográfica y la sistematización, preservación y valoración de un acervo de y para un pueblo indígena y de una sociedad mestiza hispanoamericana con sentimientos ambivalentes, como el resto de las sociedades hispanoamericanas, sobre sus orígenes, herencias y presencias indígenas.

El padre Armellada, en lo que se pudiera denominar su período caraqueño y una vez concluidos sus trabajos misioneros en el Caroní, el Delta, Perijá y el Oriente de Venezuela, se matriculó en la Universidad Católica Andrés Bello, de donde regresó en 1965 como licenciado en Comunicación Social. Asumió la dirección de la revista Venezuela misionera y participó, junto con el padre José Del Rey Fajardo, en la formación del Seminario de Lenguas Indígenas, germen de lo que luego sería el Centro de Lenguas Indígenas, que dirigió, junto a la cátedra universitaria.

Adicionalmente, estuvo al frente de la dirección del Archivo Arquidiocesano de Caracas y llegó a ser miembro correspondiente de la Academia Nacional de la Historia por el Estado Bolívar e individuo de número de la Academia Venezolana de la Lengua. En esa corporación ocuparía el sillón letra D, vacante por fallecimiento de Eduardo Arroyo Lameda, y sería, a su vez, sucedido por Pedro Juan Krisólogo Bastard, un escritor e intelectual warao, primer indígena en ingresar como numerario en la más antigua de las academias nacionales, y correspondiente de la Real Española.

El incansable misionero, siempre trajeado con el hábito talar de los hijos de San Francisco, se ganó varios apodos cariñosos. Entre ellos, además de los seudónimos que utilizó para escribir, sobresalen Emasensén tuarí (el pobre correcaminos, en Pemón) o el Padre Indio, nombre que él llevaba con tanto orgullo como sencillez franciscana. Con frecuencia traducía palabras, frases o expresiones al Pemón para deleite de todos los oyentes y siempre acotaba, para introducirlas o enfatizarlas al final, la coletilla de «como decimos nosotros», «como decimos los Pemón» o incluso «como decimos los indios de la Gran Sabana». «Esa primera persona del plural no solo resultaba plenamente inclusiva para el hablante en el más absoluto sentido de identificación con los hablantes nativos, sino respetuosa y motivada en tanto que actitud de defensa y prestigio del pueblo Pemón, su lengua, su literatura y su cultura, y, por extensión, de todos los pueblos, lenguas, literaturas y culturas indígenas», resalta uno de sus alumnos.

Una gran alegría constituyó para él, el 20 de septiembre de 1979, la promulgación del decreto número 283 del presidente Luis Herrera Campins sobre educación intercultural bilingüe. Entendió que el Estado le daba importancia al patrimonio inmaterial que representaban las lenguas, literaturas y culturas indígenas.

«En esta Venezuela de tantas zozobras y mezquindades vale la pena rescatar para la memoria colectiva la obra y el legado del padre Armellada y de personas que, como él, se interesaron por entender y divulgar el país profundo del que han de emerger los símbolos y contenidos para su reconfiguración», expresa.

En Kavanayén, donde no hay cárceles ni policías, no existe el tiempo ni el estrés y nadie muere de cáncer, hay muchos franciscanos pemones por el buen recuerdo que dejaron los capuchinos leoneses. «Por esta vinculación histórica, deberían elevarse voces desde la provincia de León para que cese la vil dictadura que oprime a todos los venezolanos y contra el ataque a los Pemones, que fueron agredidos, asesinados y encarcelados por la Fuerza Armada Nacional Bolivariana en febrero. Deberían brindárseles medidas de protección internacional», destaca un gran conocedor de la zona.

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