*TUMEREMO:
MI PUEBLO NATAL, HERMOSO, PACÍFICO, MAGNÍFICO, COORDIAL, AMABLE Y MARAVILLOSO,
CONSTRUIDO SOBRE COLUMNAS DE ORO Y PISO DE DIAMANTES.*
Autor:
Rodulfo A. Celis Vargas
Hace más de
seis décadas, el Tumeremo de ayer, mi pueblo natal, era aún para esa época un
pequeño y apartado lugar, ubicado al sur del Estado Bolívar. Un pueblo, no
diría perdido, pero si olvidado por la mayoría los gobiernos de turno, imantado
por la inmensa jungla tropical, sabanas con olor a mastranto y estrechos
senderos llenos de lodo. En cada casa un jardín y un huerto de árboles
frutales, cuál de ellos más adornados en las tardes con el vuelo serpenteado de
una inmensidad de pájaros de diversos colores, en los que sobresalían los
azulejos, los colibríes, las angoletas, los cristofués y los arrendajos.
Actualmente, en el Tumeremo de hoy la modernidad apuesta a su progreso y
desarrollo, tanto en el orden científico, social, educacional y económico, como
en lo urbanístico; una modernidad, que dadas las circunstancias que estamos viviendo
en la actual Venezuela, pareciera estar preñada de buenos proyectos, pero que
en la praxis son en su mayoría falsos y subordinados a un grupo de empresas al
servicio e interés de sus gobernantes, en los que priva el engaño y la
corrupción, dirigida utópicamente hacia un mañana mejor.
Gracias le
doy al Señor por mantener las imágenes y experiencias de un pasado intacto en
mi mente y en mi corazón, permitiéndome valorar y apreciar con amor las
maravillas de Tumeremo, un pequeño terruño que Él me obsequió.
*CONOZCO
TUS OJOS DESDE LEJOS*
Tumeremo,
Yo tenía
catorce años,
Cuando me
alejé de tu lado,
No sabía
cómo eran tus senos,
Desconocía
tu inocencia,
Ignoraba tu
belleza, tu humildad y tus riquezas,
No
obstante, te he añorado sin saberlo,
Hoy te amo
mucho más,
conozco tus
ojos desde lejos,
Distingo tu
flora, tu fauna, tus minas y tus fuentes,
Y siento el
amor y la humildad de tu gente,
Aquí te
dejo mis sentimientos con las flores de un beso.
¡TE QUIERO
TUMEREMO!
*TUMEREMO,
¡HONRARTE ES MI BANDERA!*
Tus montañas,
entre fascinantes colinas aisladas
y llanuras
de terciopeladas ondulaciones,
se
confunden con la belleza de tus verdes paisajes
y el canto
armonioso de las aves en el azul celeste,
cual escala
musical rociada de marinas vibraciones.
Tu serranía
rebelde del Nuria y el Salto del Danto,
dos
beldades, dos eternidades que bañados por los vientos alisios
te dan
majestuosidad en el infinito,
para evocar
en silencio: ¡Representamos a un gigante indiviso y,
a una doble
cascada de cristal que brilla en medio de rocas y riachuelos!
Tu cuenca
del río Corumo y Botanamo
y el
afluente del Pariche le dan vitalidad al campo,
a la
agricultura y al ganado,
cual fuente
natural y eterna,
esperanza e
ilusión del aldeano.
Tumeremo,
tus lagunas
inolvidables, El Limonar y La Mendoza,
dos
acequias de aguas revueltas,
sitios
concurridos de adolescentes para el sueño y el regocijo,
en las que
tras zambullidas y braceos jugueteábamos a las piruetas.
Tu clima
tropical lluvioso de sabanas y montañas relentes,
te dan el
privilegio aún en el verano inhóspito y seco,
ser
placentero y sabroso, tolerable y fresco,
un clima
suave que capta con su hechizo a la gente,
por ser
excepcional, preferido y eterno.
El
esplendor de la balatá en tus orígenes,
y la
explotación aurífera y del diamante han sembrado de esperanza
las venas
de tu gente y del turista bonachón,
propagando
tu fama de riqueza
y
utilizando en tus inicios la morocota, las monedas de plata y el doblón.
Tu historia
es también la memoria de Jaime Teófilo Hudson,
el Barrabás
del cíclope diamante del sector El Polaco,
el más
grande y hermoso de todos los tiempos,
un hallazgo
de un hombre humilde y noble,
que alcanzó
hacer de las minas su templo.
Roof Garden
y el Pasapoga de Caracas fueron sus sitios predilectos,
vende su
piramidal brillante en Nueva York,
con sus
tabacos quemaba billetes cual hombre visionario,
y regresa
donde ti nuevamente para arrullarse bajo tu luna y tu sol
con los
recuerdos de haber sido millonario.
Tumeremo,
tierra eres de mineros y comerciantes,
de hombres
y mujeres de todos los lares,
de empresas
Internacionales explotadoras del oro y del diamante,
la magia de
tus anales le evocan al que llega: me has encontrado,
yo soy tu estrella
y tu ventura, no te detengas... ¡Adelante, adelante!
Tumeremo,
tú has sido seno de pequeñas siembras y conucos,
tus
cosechas son cultivos delicados y tiernos
que los
llevan al mercado y abastecen el consumo
sin que se
omitan la yuca, el quinchoncho y el cambur,
y sin duda,
la caraota, el arroz, el ají dulce y el ocumo.
Tus calles,
la del Dorado, es la más transitable,
la Piar y
la Zea, las más comerciales,
la Avenida
Sifontes, la de mis añoranzas de infante y de esplendor,
a todas,
incluida la de la Tres Rosas,
a ellas les
regalo una flor: ¡Una lágrima de amor!
A ti te
canto Tumeremo, tierra de mis recuerdos,
fuente de
mi linaje y cuna de mi existencia,
fuiste el
amanecer y aire de gente buena,
eres la
antorcha que iluminó mi conciencia.
Terruño de
mi destino: ¡honrarte es mi bandera!
¡DIOS
BENDIGA A TUMEREMO! —
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